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Cultura Israeli
Cultura de Israel



Literatura

La Semana del Libro Hebreo convierte plazas y parques en agitados mercados de libros en las ciudades y pueblos de todo el país.
Israel es fuente de inspiración para los escritores y poetas del país. Una nación en desarrollo erigida sobre un antiguo acervo, existe en medio de complejas relaciones sociales. Los cambios han ocurrido rápida e intempestivamente: el período de los pioneros, la lucha por la independencia, la construcción del país, las guerras y las inmigraciones masivas de todas partes del mundo. Cada nueva época, cada cambio social ha traído nuevos desafíos, creando una dinámica de constante inquietud. Cada uno de éstos por sí solo, y todos en forma combinada proveen material para la creación literaria. La prosa y la poesía extraen motivos, imágenes y un caudal de expresiones de la Biblia, de otras fuentes judías (Mishná, Talmud y Kabalá) y de las tradiciones creativas del pueblo judío en la diáspora, así como del léxico y del ritmo del idioma cotidiano.

Renacimiento del Idioma Hebreo

El hebreo es el idioma de Israel. Aunque virtualmente dejó de ser hablado alrededor del año 200 EC, continuó siendo empleado por los judíos a lo largo de las generaciones como el "lenguaje sagrado" en la liturgia, la filosofía y la literatura. Hacia fines del siglo XIX, emergió como un moderno medio cultural, convirtiéndose en un factor vital en el movimiento de renacimiento nacional que culminó en el sionismo político. La administración del Mandato Británico reconoció el hebreo como idioma oficial del país, a la par del inglés y del árabe, y su uso fue adoptado por las instituciones judías y sus redes educativas. La prensa y literatura hebreas florecieron con nuevas generaciones de autores y lectores, y hoy en día es un idioma vívido, rico y vibrante. De unas 8.000 palabras en los tiempos bíblicos, el vocabulario hebreo se ha ampliado a más de 120.000 vocablos. Su desarrollo ling?ístico formal es guiado por la Academia de la Lengua Hebrea (establecida en 1953).

Eliezer Ben-Yehuda

Eliezer Ben-Yehudá (1858-1922) inició el impulso para el renacimiento del hebreo como un idioma hablado. Después de inmigrar a la Tierra de Israel en 1881, fue un pionero en el empleo del hebreo en el hogar y en la escuela, acuñó miles de palabras nuevas, estableció dos periódicos en hebreo, co-inició el Comité de Idioma Hebreo (1890) y compiló varios de los 17 volúmenes del Diccionario Completo de Hebreo Antiguo y Moderno, que fue iniciado en 1910 y concluido por su segunda esposa y su hijo en 1959.

Prosa

La prosa hebrea moderna en la Tierra de Israel fue escrita en un comienzo por autores inmigrantes. Si bien sus raíces se encontraban en el mundo y las tradiciones de la judeidad de Europa Oriental, sus obras versaban principalmente sobre los creativos logros en la Tierra de Israel, a la que habían venido "para construir y formarse". Yosef Jaim Brenner (1881-1921) y Shmuel Yosef Agnón (1888-1970), que impulsaron la prosa hebrea en el siglo XX, son considerados por muchos como los padres de la literatura hebrea moderna, aunque no actuaron solos ni fuera de un contexto histórico.

Brenner, rasgado entre la esperanza y la desesperación, en conflicto con sus dudas respecto a las dificultades de la empresa sionista en la Tierra de Israel y a la baja calidad espiritual de ciertos sectores dentro del yishuv - la comunidad judía en Palestina (Tierra de Israel) antes del establecimiento del estado. Veía defectos en todo y temía futuros acontecimientos respecto al encuentro entre las poblaciones judía y árabe de la región. En su esfuerzo por captar la realidad, prefirió las formas de hebreo coloquial rabínicas y medievales, creando nuevas expresiones idiomáticas y empleando una dramática sintaxis para otorgar el efecto de un discurso vivo. Un elemento central en las obras de Brenner es su identificación tanto con la lucha física de los pioneros por asirse en una tierra árida y dura, muy diferente de los países europeos en los que habían nacido y la lucha, no menos difícil, por delinear la identidad del judío en la Tierra de Israel.

Agnón eligió emplear formas más modernas del idioma hebreo en sus obras. Su familiaridad con la tradición judía, junto con la influencia de la literatura europea del siglo XIX y comienzos del siglo XX, creó un cuerpo de ficción que trata de las principales preocupaciones espirituales de la hora, la desintegración de las formas de vida tradicionales, la pérdida de la fe y la subsecuente pérdida de la identidad. Como judío ortodoxo y escritor de intuición y visión psicológica, Agnón expresó su afinidad con los sombríos e irracionales aspectos de la psiquis humana y una identificación con las incertidumbres internas del judío creyente y el no creyente. La realidad, pintada por Agnón, se convierte en un ambiente trágico, a veces grotesco, con una influencia de la guerra y el Holocausto en muchas de sus obras, y el mundo de los judíos píos se revela con todas sus pasiones y tensiones. En 1966, Agnón fue co-receptor del Premio Nobel de Literatura (junto con Nelly Sachs), el primer Premio Nobel otorgado a un israelí.

Los escritores nacidos en el país que empezaron a publicar en la década de 1940 y 1950, denominados frecuentemente "la generación de la Guerra de la Independencia", trajeron a sus obras una mentalidad y un trasfondo cultural diferente que el de sus predecesores, primeramente porque el hebreo era su lengua materna y su experiencia de vida estaba absolutamente arraigada en la Tierra de Israel. Autores como S. Yitzhar, Moshé Shamir, Janoj Bartov, Jaim Guri y Benjamín Tammuz vacilaron dramáticamente entre el individualismo y el compromiso a la sociedad y al estado, y presentaron un modelo de realismo social, frecuentemente de una manera heroica, creando así una mezcla de influencias locales e internacionales.

A comienzos de la década de 1960, nuevos enfoques de la creación literaria en prosa fueron explorados por un grupo de escritores jóvenes y muy influyentes que incluía a A. B. Yehoshúa, Amós Oz, Yoram Kaniuk y Yaacov Shabtai, que marcó una ruptura con los moldes ideológicos y se centró en el mundo del individuo. Durante las siguientes dos décadas, se experimentó con formas narrativas y diversos estilos de prosa, que incluían el realismo psicológico, la alegoría y el simbolismo, así como la especulación y el escepticismo respecto a los convencionalismos sociales y políticos de Israel, que pasaron a ser prominentes en la creación literaria contemporánea.

Las décadas de 1980 y 1990 fueron testigos de una explosión de intensa actividad literaria en la que la cantidad de libros publicados aumentó en forma impresionante. Como consecuencia de esto, varios escritores israelíes obtuvieron reconocimiento internacional, entre ellos se destacan Oz, Yehoshúa, Kaniuk, Aharón Appelfeld, David Shájar, David Grossman y Meir Shalev. La confianza en la literatura como medio que permite a los lectores entenderse a sí mismos como individuos y como parte de su medio ambiente caracteriza a la prosa de este período, escrita por tres generaciones de autores contemporáneos.

Los renovados esfuerzos que se han hecho para enfrentarse con la tragedia del Holocausto en Europa han llevado a la formulación de nuevas formas de expresión que traten con cuestiones fundamentales que sólo pueden ser debatidas dentro de la perspectiva de tiempo y lugar, que integren la distancia y la involucración (Appelfeld, Grossman, Yehoshúa Kenaz, Alexander y Yonat Sened, Nava Semel y otros).

Se han planteado temas anteriormente no incursionados, que incluyen el entorno de la aldea árabe (Antón Shammas, un escritor árabe cristiano), el mundo de los judíos ultraortodoxos que se segregan deliberadamente de la sociedad moderna (Yossl Birnstein), el modo de vida en las cortes jasídicas de Jerusalem (Jaim Beer) e intentos para tratar la existencia de un escéptico en un período en que las ideas laicas están sucumbiendo y el fundamentalismo religioso está cobrando fuerza (Yitzjak Auerbach-Orpaz). Otro importante tema que están abordando algunos autores israelíes, de origen sefardita, es el lugar que toman en la sociedad nuevos inmigrantes alienados de países árabes (Sami Michael, Albert Suissa, Dan Benaya-Seri). Otros exploran temas universales como la democracia y la justicia, según son vistos en el contexto de una sociedad que está sujeta a constantes desafíos en la mayoría de las áreas de su vida nacional (Yitzjak Ben Ner, Kaniuk, Grossman, Oz).

Un número importante de mujeres escritoras ha aparecido últimamente, dedicadas no sólo al mundo de las mujeres conscientes de su lugar en la tradición judía y de su papel en la empresa sionista (Amalia Cahana-Carmón, Jana Bat-Shájar, Shulamit Hareven, Shulamit Lapid, Ruth Almog, Savión Leibrecht, Batya Gur). Lapid y Gur han incursionado también en el género detectivesco con aclamación de la crítica tanto local como extranjera.

Recientemente ha emergido una generación más joven de escritores, que rechaza gran parte de la centralidad de la experiencia israelí y revela una tendencia más universalista, frecuentemente de naturaleza alienada, surrealista e idiosincrásica. Algunos de estos escritores cuentan con seguidores casi rituales, y sus nuevas obras tienen asegurado un lugar a la cabeza de las listas de los libros de mayor venta (Yehudit Katzir, Etgar Keret, Orly Castel-Blum, Gadi Taub, Irit Linor, Mira Maguen).

Además de la prolífica masa de literatura hebrea, una significativa cantidad de obras, tanto en prosa como en poesía, aparecen en otros idiomas, incluyendo el árabe, el inglés, el francés y el español. Desde la última inmigración de más de un millón de judíos provenientes de la ex Unión Soviética, Israel se ha convertido en el mayor centro de creación literaria en idioma ruso fuera de Rusia misma.

Durante los últimos años, los editores israelíes han ingresado en forma masiva al área de la publicación electrónica (multimedia, CD-Rom). Los programas israelíes, que cubren una amplia gama de temas, son vendidos en todo el mundo.

Poesia

Escrita sin interrupción desde los tiempos bíblicos hasta el presente, la poesía hebrea reúne influencias externas y tradiciones internas. La poesía del pasado, que incorpora temas religiosos y nacionales, contiene también los motivos de la experiencia personal que son predominantes en la poesía de hoy en día. Una ruptura con la expresión poética tradicional se desarrolló durante el Iluminismo Judío en Europa (1781-1881), cuando se bregaba por la completa ciudadanía de los judíos y una secularización de la vida judía, y desde fines del siglo XIX, cuando el sionismo, el movimiento que llamaba a la restauración de la vida nacional judía en la Tierra de Israel, empezaba a cobrar impulso. Los principales poetas que emergieron de este período, que inmigraron a la Tierra de Israel a comienzos del siglo XX, fueron Jaim Najmán Bialik (1873-1934) y Shaúl Tchernichovsky (1875-1943).

Las obras de Bialik, que reflejan su absoluto compromiso con el renacimiento nacional judío y rechazan la viabilidad de una vida judía en Europa Oriental, incluyen tantolargos poemas épicos que retoman capítulos de la historia judía, como pura poesía lírica que versa sobre el amor y la naturaleza. Bialik, llamado a menudo 'poeta nacional' o 'el poeta del renacimiento del hebreo', forjó un nuevo idioma poético, libre de la enorme influencia bíblica de sus predecesores, y manteniendo la estructura clásica y la claridad de expresión por medio de una fraseología rica y estudiada, pero contemporánea. Sus poemas son memorizados por generaciones de escolares israelíes.

Tchernichovsky, que escribió poesía lírica, épica dramática, baladas y alegorías, buscó rectificar el mundo del judío inyectando un espíritu de orgullo y dignidad personal así como una elevada conciencia de la naturaleza y la belleza. Su sentido del lenguaje, que incluye una afinidad por el hebreo rabínico, era diferente del idioma de Bialik, que integraba la influencia bíblica con la emergente forma coloquial. Ambos, Bialik y Tchernichovsky, representan la transición de la antigua poesía judía al género moderno.

Abraham Shlonsky, Natán Alterman, Lea Goldberg y Uri Zvi Grinberg encabezaron la siguiente generación de poetas, que escribió en los años que precedieron al establecimiento del estado y durante los primeros años de vida estatal.

Shlonsky utilizaba un torrente de imágenes y de invenciones ling?ísticas en su poesía así como en sus prolíficas traducciones de poesía clásica, especialmente del ruso. Las obras de Alterman, muchas de las cuales se destacan por su comentario político, acompañaron cada etapa del desarrollo de la comunidad judía y se caracterizan por la riqueza de lenguaje y una variedad de formas poéticas, tono y rima, imágenes y metáforas. Goldberg expandió el espectro de lirismo en poemas que hablan de la ciudad, la naturaleza y el ser humano en búsqueda del amor, contacto y atención. Grinberg, que escribió una poesía de desesperación e ira usando violentas imágenes, se dedicó principalmente a temas nacionalistas y al impacto del Holocausto. Esta pléyade de poetas fue la primera en introducir los ritmos coloquiales en la poesía hebrea; revivieron antiguas expresiones idiomáticas y acuñaron otras nuevas, otorgando al antiguo lenguaje una nueva flexibilidad y riqueza.

La poesía de este período, que estaba influida en gran medida por el futurismo y el simbolismo rusos y por el expresionismo alemán, tendía hacia la estructura clásica y la melodía de una rima ordenada. Reflejaba imágenes y paisajes del país natal del poeta y frescas visiones en su nuevo país de un modo heroico, así como recuerdos de 'allí' y el deseo de echar raíces 'aquí', expresando, como Lea Goldberg escribió, "el dolor de dos patrias". A muchos de los poemas se les compuso música y pasaron a ser parte integral de la cultura popular del país.

La primera poeta mujer importante en hebreo fue Rajel Bluwstein (1890-1931), que fue conocida simplemente como "Rajel". Sus obras establecieron el fundamento normativo de la poesía hebrea femenina así como las expectativas del público de esta poesía. Su estilo lírico, breve, emocional, sin pretensiones intelectuales y personal, ha prevalecido, como se ve en la mayoría de las obras de sus contemporáneas y de poetisas posteriores como Dalia Rabikovitch y Maya Bejerano.

A mediados de la década de 1950, surgió un nuevo grupo de poetas jóvenes, cuya lengua materna era el hebreo, encabezado por Yehudá Amijai, Natán Zaj, Dan Pagis, T. Carmi y David Avidán. Este grupo tendió a la modestia, a una retirada general de las experiencias colectivas, a una libre observación de la realidad y a un estilo coloquial, y cambió las principales influencias poéticas de Pushkin y Schiller a la moderna poesía inglesa y norteamericana. Las obras de Amijai, que han sido ampliamente traducidas, se caracterizan por su uso del idioma cotidiano, la ironía y metáforas metafísicas. Estas pasaron a ser el sello de mucha de la poesía escrita por sus contemporáneos más jóvenes, quienes proclamaron el término de la poesía ideológica y rompieron completamente con la tradición de Alterman y Shlonsky de estructuras clásicas y de una rima ordenada. Las obras de Zaj extraen innovadoras cualidades casi litúrgicas y musicales del hebreo cotidiano.

El campo de la poesía hebrea hoy en día es una polifonía que comprende varias generaciones, en la que aparecen poetas veinteañeros junto a poetas de edad mediana. Representates del último grupo son Meir Wieselthier, cuya prosaica, vulgar y directa dicción repudia todo romanticismo y eleva la imagen de Tel Aviv como símbolo de la realidad; Yair Horowitz, cuyos cohibidos versos expresan la amable tristeza de una persona consciente de su propia mortalidad; y Yona Wallach, que se presenta en tonos coloquiales, sarcásticos, usando motivos arquetípicos, simbolismo freudiano, a veces una brutal sensualidad, repeticiones rítmicas y largas series de asociaciones. Otros importantes poetas actuales son Asher Reich, Arieh Siván, Ronny Somak y Moshé Dor.

La poesía de la generación más reciente está dominada por el individualismo y la incertidumbre y tiende a poemas breves escritos en una dicción coloquial, de metro libre y no rimados. La poesía en Israel cuenta con un gran círculo de fieles lectores, y algunos volúmenes de poemas, de todos los períodos, se venden en ediciones tan amplias como las publicadas en países de mayor población en Occidente.

El Instituto para la Traducción de Literatura Hebrea fue establecido en 1962 para familiarizar a los lectores y editores extranjeros con la literatura hebrea contemporánea. Bajo sus auspicios, cientos de obras de ficción, poesía, drama y literatura infantil han sido publicadas en alrededor de 40 idiomas - desde el alemán y el galés hasta el hindi y el chino. Los proyectos del Instituto varían de la preparación de antologías a la organización de conferencias de traductores y la participación en ferias internacionales del libro. La base de datos computarizada del instituto y las bibliografías anuales de literatura hebrea traducida proporcionan información a investigadores de todo el mundo. El Instituto publica además Modern Hebrew Literature, una revista bianual en inglés.

Literatura Infantil

La literatura infantil, que incluye textos originales y traducciones de clásicos de muchos idiomas, integra una amplia variedad de temas y estilos de prosa, reflejando una tendencia mundial hacia un enfoque más directo y sofisticado del lenguaje y el contenido intelectual al escribir para niños.

Durante la primera década de vida del estado, la mayoría de los libros para niños en hebreo se centraban en los valores sociales reinantes de pionerismo, lucha y logros, destacando la obligación individual a la construcción del país. Estaban llenos de lemas y de admiración por los héroes, ocupando un lugar central el aspecto nacional. Con gran frecuencia los autores usaban el pronombre "nosotros" en lugar del "yo".

Desde fines de la década de 1960, la transmisión de valores de los adultos en la literatura infantil se fue reemplazando gradualmente por el mundo infantil mismo, tratando temas como la muerte, el divorcio, las familias unipaternales, los minusválidos, la adolescencia y la lucha por la consecución de un lugar propio en la familia y la sociedad. Al mismo tiempo, se han escrito también muchos libros y cuentos infantiles de gran imaginación, brindando a los jóvenes lectores una fantasía pura, entretenimiento y escapismo.

La motivación para llevar a la pregunta abierta, y el estímulo para el pensamiento independiente han pasado a ser elementos básicos de la literatura infantil actual. Aunque los temas de significado social y nacional siguen siendo importantes, ahora se los trata con mayor sinceridad y apertura. Algunos de los libros de hoy tienden a negar el estereotipo de la diversificada sociedad del país y versan sobre la inmigración de judíos de diferentes lugares del mundo, mientras que otros tratan de obras históricas y biografías que se centran principalmente en figuras prominentes que han contribuido al desarrollo del país en los últimos cien años, empezando desde la renovación de la vida judía en la Tierra de Israel.

Con el correr de los años, se ha escrito una considerable cantidad de literatura infantil para los diversos grupos de edad. Estos libros se caracterizan por su buen diseño gráfico y se distinguen por su sensibilidad psicológica, así como por un expresivo y pintoresco uso del lenguaje que permite al joven lector identificarse con el relato de un modo dinámico. Muchos de estos libros para niños están siendo impresos actualmente en todo el mundo, en traducciones a una amplia variedad de idiomas.

Artes Visuales

Desde comienzos del siglo XX, las Bellas Artes en Israel han demostrado una orientación creativa que ha estado influida por el encuentro entre Oriente y Occidente, así como por el país en sí y su desarrollo, el carácter de las ciudades y las tendencias de estilo que emanan de los centros de arte del extranjero. En pintura, escultura, fotografía y otras formas artísticas, el variado paisaje del país es el protagonista: los montes y las laderas escalonadas en forma de terrazas producen dinámicas especiales de línea y forma; las colinas del Néguev, la dominante vegetación gris verdosa y la clara luminosidad provocan efectos de color distintivos; y el mar y la arena afectan las superficies. En general, los paisajes, preocupaciones y política locales, así como la misma naturaleza del existencialismo israelí se encuentran en el centro del arte israelí y aseguran su singularidad.

La actividad artística organizada en el país empezó en 1906, el año en que el Profesor Boris Schatz (1867-1932) llegó de Bulgaria y fundó la Escuela de Artes y Artesanías Betzalel, de acuerdo a un plan aprobado en el Congreso Sionista de 1905 para estimular a jóvenes judíos talentosos a estudiar arte en la Tierra de Israel. Hacia 1910, la escuela contaba con 32 departamentos diferentes, un cuerpo estudiantil de 500 alumnos y un mercado dispuesto a adquirir sus trabajos en todo el mundo judío.

Además de pintores y escultores, la vida artística del país comprende una multitud de talentosos artesanos (ceramistas, orfebres, tejedores, calígrafos, sopladores de vidrio, etc.) muchos de los cuales se especializan en modernas interpretaciones de objetos rituales judíos tradicionales. 

El entusiasmo por el arte existe entre gente de todas las clases sociales; los israelíes promueven y apoyan actividades artísticas asistiendo a exhibiciones, ya sean retrospectivas de un artista individual o exposiciones grupales comprehensivas en los múltiples museos y galerías privadas del país, frecuentando los barrios de artistas en Safed y en Yafo o la aldea de artistas de Ein Hod y adquiriendo obras de artistas locales.

Pintura

Al principio, la orientación artística de Betzalel, que pretendía crear un "arte original judío", fundiendo las técnicas europeas con las influencias mesorientales, resultó en pinturas de escenas bíblicas que representaban románticas interpretaciones del pasado relacionadas con utópicas visiones del futuro, con imágenes extraídas tanto de las antiguas comunidades judías orientales como de los beduinos locales. Entre los artistas de este período se incluyen Shmuel Hirszenberg (1865-1908), Efraim Lilien, (1874-1925) y Abel Pann (1883-1963).

La primera exhibición de arte importante (1921) realizada en la Ciudadela de David en la Ciudad Vieja de Jerusalem, estuvo dominada por pintores de la Escuela Betzalel. Poco después, sin embargo, el anacrónico estilo narrativo oriental-nacional de Betzalel fue desafiado tanto por jóvenes rebeldes dentro del establishment de Betzalel como por artistas recién llegados, que empezaron a buscar una expresión apropiada para lo que ellos llamaban arte "hebreo", en oposición a "judío". En un intento para definir su nueva identidad cultural y expresar su visión del país como fuente de renovación nacional, pintaron la realidad cotidiana del panorama del Medio Oriente, con énfasis en la brillante luz y los resplandecientes colores del paisaje, y destacaron exóticos temas tales como el simple estilo de vida árabe por medio de una técnica predominantemente primitiva, como se ve en las obras de pintores como Israel Paldi, Tziona Tagger, Pinhas Litvinovsky, Nahum Gutman y Reuven Rubin. Hacia mediados de la década, muchos artistas se habían establecido en la dinámica y nueva ciudad de Tel Aviv (fundada en 1909), que continúa siendo el centro de la actividad artística del país.

El arte de los años 30 estuvo fuertemente influido por las innovaciones en Occidente a comienzos del siglo XX, la más poderosa de las cuales fue el expresionismo que emanaba de los talleres de París. Obras de pintores como Moshé Castel, Menajem Shemi y Arié Aroj tendían a retratar una realidad emocionalmente cargada y frecuentemente mística por medio de su uso de la distorsión, y, aunque los temas seguían girando en torno a los paisajes y las imágenes locales, los componentes narrativos de diez años antes desaparecieron gradualmente y el mundo oriental musulmán se desvaneció por completo. El expresionismo alemán fue introducido a mediados de la década con la llegada de los artistas que huían del terror nazi creciente. Uniéndose a los artistas nacidos en Alemania Anna Ticho y Leopold Krakauer que habían llegado a Jerusalem 10 a 20 años antes, este grupo, que incluyó a Hermann Struck, Mordejai Ardón y Jakob Steinhardt, se dedicó en gran medida a interpretaciones subjetivas del paisaje de Jerusalem y de los montes que la rodean. Estos artistas hicieron una significativa contribución al desarrollo del arte local, notablemente por medio de la dirección dada a la Escuela Betzalel por Ardón y Steindhart, bajo cuya guía una nueva generación de artistas llegó a la madurez.

La ruptura con París durante la Segunda Guerra Mundial y el trauma del Holocausto llevó a varios artistas, incluyendo a Castel, Itzjak Danziger y Aharón Kahana a adoptar la surgiente ideología 'Canaanea' que buscaba identificarse con los habitantes originales de la Tierra y crear un 'nuevo pueblo hebreo' reviviendo antiguos mitos y motivos paganos. La Guerra de Independencia de 1948 llevó a otros artistas como Naftalí Bezem y Avraham Ofek a adoptar un estilo militante con un claro mensaje social. Pero el grupo más significativo que se formó en este período fue el de 'Nuevos Horizontes', que pretendía liberar la pintura israelí de su carácter local y sus asociaciones literarias, y llevarla a la esfera del arte contemporáneo europeo. Se desarrollaron dos corrientes principales: Yosef Zaritzky, la figura dominante del grupo, tendió hacia un lirismo atmosférico, caracterizado por la presencia de fragmentos identificables de paisaje local y tonos de color fríos. Su estilo fue adoptado por otros, sobresaliendo Avigdor Stematsky y Yehezkel Streichman. La segunda corriente, un abstraccionismo estilizado que iba del geometricismo a un formalismo frecuentemente basado en símbolos, se evidenció fuertemente en las obras del artista nacido en Rumania Marcel Janco, que estudió en París y fue uno de los fundadores del dadaísmo. El grupo Nuevos Horizontes no solo legitimizó el arte abstracto en Israel, sino también contribuyó a su predominio hasta comienzos de la década de 1960.

Los artistas de los años 1960 proporcionaron el lazo relacionador entre las actividades del grupo Nuevos Horizontes y la búsqueda de individualidad en la siguiente década. Streichman y Stematsky, ambos profesores del Instituto Avni en Tel Aviv, influyeron fuertemente sobre una segunda generación de artistas que incluyó a Raffi Lavi, Aviva Uri, Uri Lifschitz y Lea Nikel quienes, en su búsqueda de una imagen personal desafiaron el delicado trabajo de pincel del abstraccionismo lírico con obras pluralistas que incluían diversos estilos abstractos expresivos y figurativos derivados de fuentes extranjeras. En la Escuela Betzalel, la influencia de Ardón, especialmente en lo que se refiere a temas y técnica, está patente en los trabajos de Avigdor Arija, quien desarrolló un mundo de formas lleno de un intenso significado espiritual y en el retorno a temas figurativos que evocan el Holocausto, y temas judíos tradicionales, como se nota en las pinturas surrealistas de Yossl Bergner y Samuel Bak. Jacob Agam es un pionero en el arte óptico y cinético, y sus obras se exhiben en muchos países del mundo.

Aunque las características minimalistas del arte en la década de 1970 casi siempre incluyeron formas transparentes y amorfas reminiscentes de la pintura abstracta local, la exposición de ideas más que la estética dominó las obras de artistas como Larry Abramson y Moshé Gershuni. Los artistas de la década de 1980 y de 1990, trabajando en una atmósfera de experimentación individual, parecen estar buscando el contenido y sentido del espíritu de Israel integrando una amplia gama de materiales y técnicas, así como de imágenes basadas en elementos locales y universales tan diversos como las letras del alefato hebreo y las emociones humanas de tensión y miedo. Las corrientes actuales, como se expresan en las obras de Pinhas Cohen-Gan, Deganit Beresht, Gabi Klasmer, Tsibi Gueva, Tzvi Goldstein, David Reeb y otros, siguen luchando por la ampliación de la definición del arte israelí más allá de sus conceptos y materiales tradicionales, tanto como la expresión única de una cultura autóctona y como dinámico componente del arte occidental contemporáneo.

Escultura

El arte de la escultura floreció en el país gracias a los esfuerzos de unos pocos escultores durante un largo período. Aunque Avraham Melnicoff, conocido por su masivo león de piedra en Tel Jai, y Zeev Ben-Zvi introdujeron el cubismo, la escuela de escultura más académica, representada por Moshe Ziffer, Aharón Priver y Batya Lishansky, dominó el campo antes del establecimiento del estado.

A fines de la década de 1940, la ideología 'Canaanea' influyó en una serie de artistas, entre los que se destaca Itzjak Danziguer cuya figura del héroe-cazador pagano Nimrod, esculpida en roja piedra arenisca nubia, es un intento de crear una síntesis entre la escultura del Medio Oriente y el concepto moderno del cuerpo humano, mientras que las formas que conforman su escultura de la oveja recuerdan las rocas del desierto, los canales de agua y las tiendas de beduinos. La escultura en la década de 1950 empleó nuevos materiales y una escala monumental al convertirse en cada vez más abstracta, estimulada en parte por la reciente introducción del uso del hierro y del acero como un medio de expresión escultural.

El deseo de proporcionar un recuerdo tangible de aquellos que cayeron en las guerras de Israel otorgó a la escultura, a partir de la década de 1960, un nuevo estímulo y muchos grandes monumentos, en su mayoría no figurativos, fueron incorporados al paisaje israelí. Este género está representado por el memorial naval de acero en Ajziv, obra de Yejiel Shemi, que trata tanto del rigor de la naturaleza como de la capacidad humana a la violencia y la destrucción, y por el 'Monumento a la Brigada del Néguev' de Dani Karaván, en las afueras de Beer Sheva, que evoca el carácter especial de la lucha en el desierto.

Bajo la influencia de la escuela francesa en general y del expresionismo en particular, y empleando una amplia gama de materiales, los artistas conceptuales contemporáneos están creando monumentos y esculturas ambientales para manifestar sus reacciones individuales a la realidad social y política. Incorporando un poderoso juego de formas y símbolos, las obras de Yigal Tumarkin expresan su protesta contra la guerra por medio de formas abstractas geométricas y figurativas, mientras que la tendencia hacia el minimalismo geométrico se destaca especialmente en el persistente uso de Menashé Kadishman de imágenes de ovejas, que recuerdan tanto una imagen local pastoral como un mito personal que simboliza a la víctima indefensa.

Varios escultores israelíes han obtenido reconocimiento internacional, incluyendo a Tumarkin, Karaván, Kosso Eloul e Israel Hadany, cuyas obras pueden ser vistas en sitios públicos y privados en el extranjero. 

Fotografia

Hoy en día la fotografía se caracteriza por su intimidad, la contención y la preocupación por el yo, es tanto una reacción y un producto del estilo romántico informativo que dominó sus primeras etapas de desarrollo. A mediados del siglo XIX, la fotografía local se basaba en gran medida en el otorgamiento de servicios fotográficos, concentrándose en retratar los Lugares Santos (principalmente los cristianos) para venderlos como recuerdos a peregrinos y turistas.

A partir de 1880, los fotógrafos comenzaron a documentar el desarrollo de la comunidad judía en Palestina (Tierra de Israel), retratando a los pioneros mientras trabajaban la tierra y construían ciudades y pueblos a través de un heroico lente orientado a una ideología moderna y laica, y a las exigencias de clientes que usaban sus fotografías para promover causas específicas como la del Fondo Nacional Judío.

El desarrollo del país en sus primeros años fue fielmente registrado por una serie de fotógrafos de prensa, algunos activos hasta hoy, como Tim Guidal, David Rubinguer, Werner Braun, Boris Carmi, Zev Radovan, David Harris y Mija Bar Am. Cruzando el límite invisible entre la 'fotografía como documentación' y la 'fotografía artística', se cuentan, entre otros, Aliza Auerbach, que se centra en el retrato; Neil Folberg, Doron Horwitz y Shai Ginott, que se dedican a la naturaleza; David Darom, un experto fotógrafo submarino; y Dubi Tal y Moni Haramati, un equipo que se especializa en la fotografía aérea.

En los últimos años, a medida que la fotografía como medio artístico puro se ha convertido en una forma artística legítima, han ido emergiendo varios fotógrafos creativos, con el apoyo de galerías, museos curadores y coleccionistas. La fotografía actual es altamente personal, toca cuestiones de vida y muerte, arte e ilusión, en estilos que van desde el formalista y minimalista hasta el pictórico e intelectual-conceptual. Han surgido diversos eventos para la exhibición de trabajos fotográficos, siendo los más importantes de ellos la bienal de fotografía en Mishkán LeOmanut en el kibutz Ein Jarod, y el nuevo Museo de Fotografía en Tel Jai, en la Galilea septentrional.

Museos

Alrededor de 200 museos a lo largo del país registran millones de visitantes al año. Grandes o pequeños, en ciudades, pueblos o kibutzim, son tesoros de arqueología, etnografía e historia local; de arte - antiguo y moderno; y de artesanía, desde la primitiva a la sofisticada.

El Museo Israel en Jerusalem, fundado (1965) como el museo nacional del país, comprende varias secciones principales: la colección del Museo Betzalel de Bellas Artes, Judaica y Etnografía, que exhibe ítems típicos de diversas comunidades judías de la diáspora, galerías de arte, salas por períodos y una comprehensiva selección de objetos artísticos de Africa, Norte y Sudamérica, Oceanía y el Lejano Oriente; un ala arqueológica que contiene objetos desde los tiempos prehistóricos hasta el siglo XV; un jardín de esculturas con más de 60 obras; el Santuario del Libro, que alberga manuscritos bíblicos únicos que incluyen los Rollos del Mar Muerto; un ala juvenil que comprende galerías, salas de clases y talleres, con un extenso programa educacional; el Museo Rockefeller en Jerusalem oriental, que contiene una colección de arqueología de la región; el Centro de Arte Paley en Jerusalem oriental que lleva a cabo programas para niños árabes; y la Casa Ticho, una galería de arte y un popular café en una centenaria mansión en el centro de Jerusalem. Regularmente se ofrece una amplia gama de exposiciones temporarias, así como actividades que van desde conferencias, talleres y películas hasta conciertos de cámara y clases de arte.

El Museo de Arte de Tel Aviv (est. 1932), que inauguró su edificio actual en 1971, comprende cuatro galerías centrales que alojan una comprehensiva colección de arte clásico y contemporáneo, especialmente arte israelí; un ala juvenil; un auditorio en el que se realizan regularmente recitales, conciertos de cámara y proyecciones de cine artístico; y numerosos salones que exhiben muestras temporarias. El Pabellón Helena Rubinstein de Arte Moderno también le pertenece.

Mishkán leOmanut ("Casa del Arte", est. 1934) en el Kibutz Ein Jarod, el primer museo rural del país y el primer museo de arte del movimiento kibutziano, alberga una amplia colección de pintura, escultura y arte folklórico judío de todo el mundo, presenta exhibiciones especiales temporarias, y lleva a cabo diversos proyectos educacionales e investigación artística.

El Museo de Haifa (est. 1949) incluye el Museo de Arte Antiguo que se especializa en hallazgos arqueológicos descubiertos en Israel y en la cuenca del Mediterráneo; el Museo de Arte Moderno (est. 1951), con exhibiciones de arte de todo el mundo (desde mediados del siglo XVIII hasta el presente); y el Museo de Música y Etnografía, que expone instrumentos musicales de todas las épocas y trajes de diversas comunidades de la diáspora así como de las comunidades árabes y drusas de las cercanías de Haifa. Bajo la dirección de este museo se encuentran además el Museo de Prehistoria, el Museo Nacional Marítimo y el renovado Museo Tikotin de Arte Japonés.

El Museo Eretz Israel (est. 1953) en Ramat Aviv, una comprehensiva colección de hallazgos arqueológicos, antropológicos e históricos de la región, comprende pabellones sobre vidrio, cerámica, numismática, folklore, cobre, y otros, además de un planetario. La sección "El hombre y su esfuerzo" presenta demostraciones en vivo de antiguos métodos de tejido, orfebrería y alfarería, molino de granos y horneado de pan. En el lugar se encuentra también Tel Qasile, una excavación en la que han sido desenterradas 12 distintas capas de civilización. Bajo la dirección del mismo museo se encuentran también el Museo de la Historia de Tel Aviv - Yafo y el Salón de la Independencia, lugar donde se proclamó el Estado de Israel en 1948, ambos situados en el centro de Tel Aviv.

El Instituto L.A. Mayer de Arte Islámico (est. 1974) en Jerusalem alberga extensas exhibiciones permanentes de alfarería, textiles, joyas, objetos ceremoniales y afines, cubriendo mil años de arte islámico, desde España a la India, y monta exposiciones temporarias sobre temas específicos.

Beit Hatefutzot (El Museo de la Diáspora, est. 1978), ubicado en el campus de la Universidad de Tel Aviv, emplea modernas técnicas y presentaciones audiovisuales para trazar la historia de las comunidades judías de la diáspora a lo largo de los años y a través del mundo. En este museo sin objetos originales, las exhibiciones están ordenadas por tema y cada piso cuenta con un área de estudio. Se llevan a cabo regularmente, además, exhibiciones temporarias sobre temas judíos, una cronósfera que presenta una revisión audiovisual de la historia judía, una amplia gama de programas educativos y culturales y exhibiciones itinerantes.

El Museo Torre de David de la Historia de Jerusalem (est. 1988) está ubicado en el complejo de la Ciudadela, un importante sitio histórico y arqueológico que contiene hallazgos del período del Primer Templo (960-586 AEC), partes de una torre y del muro de la ciudad del período hasmoneo (siglo I AEC) y la base de una enorme torre contruida por el rey Herodes (37-4 AEC). El museo cubre 4.000 años de la historia de Jerusalem, desde sus comienzos como ciudad canaanea, hasta los tiempos modernos. Las exhibiciones están divididas de acuerdo a períodos, con una 'línea temporal' en cada sala que muestra los principales acontecimientos, así como presentaciones por medio de mapas, videocintas, hologramas, dibujos y modelos. Cada tanto se presentan exhibiciones temporarias sobre temas afines.

Beit Hapalmaj (est. 2000) en Ramat Aviv, está dedicado al Palmaj, la fuerza de choque de la organización defensiva clandestina preestatal Haganá, que posteriormente fue integrada en las Fuerzas de Defensa de Israel. Beit Hapalmaj rinde homenaje a la contribución del Palmaj en la creación del Estado y transmite sus legendarios valores.

El Museo Yad Vashem en Jerusalem está dedicado a perpetuar la memoria de los seis millones de judíos que perecieron en el Holocausto. Incluye una galería de arte, el Salón de los Nombres, la Avenida de los Gentiles Justos, un archivo, la sala central de recuerdo con los nombres de los campos de exterminio en el piso, el Pabellón en Memoria de los Niños y el Valle de las Comunidades Exterminadas.

Arqueología

Estatua de Dionisio - Beit Shean La investigación arqueológica en la Tierra de Israel comenzó a mediados del siglo XIX, cuando eruditos en la Biblia examinaron la zona en búsqueda de remanentes de lugares mencionados en el Antiguo y el Nuevo Testamento. Hacia fines del siglo XIX, pero principalmente desde comienzos del siglo XX, muchos montículos (en árabe tel, un montículo compuesto de restos de antiguos asentamientos) fueron excavados, y se sentaron las bases para una investigación arqueológica científica. Las actividades arqueológicas se expandieron durante el período del Mandato Británico (1917-1948) y han aumentado en gran medida desde el establecimiento del Estado de Israel.

La experiencia acumulada durante las excavaciones ha determinado los métodos de investigación estratigráfica, acompañado por un meticuloso estudio del desarrollo (tipología) de las formas de las vasijas de cerámica y otros artefactos, gracias a los cuales se puede determinar la fecha de los estratos y los remanentes arqueológicos. En los últimos años, la investigación arqueológica se ha ampliado incluyendo aspectos menos conocidos de las antiguas culturas materiales, tales como nutrición, enfermedades, economía y comercio. Estos logros de la moderna investigación arqueológica son aplicados en docenas de sitios que se excavan año a año.

La arqueología en Israel implica la investigación sistemática de todos los remanentes del pasado del país - desde la prehistoria hasta el final del dominio otomano. La abundancia de restos materiales es una evidencia de las numerosas civilizaciones que han dejado su huella en esta Tierra. Los singulares rasgos geográficos influyeron a las más antiguas culturas: decenas de miles de años atrás la Tierra servía como un puente terrestre sobre el cual bandas de cazadores cruzaban de Africa a Europa. Sus campamentos y viviendas han sido halladas a lo largo del Valle del Jordán y en las cuevas de los montes del Carmel y la Galilea. En tiempos bíblicos, la Tierra fue el puente entre las civilizaciones prósperas de la Media Luna Fértil: Mesopotamia (hoy, Irak) y Egipto. Desde su ocupación por Alejandro Magno, Israel ha servido como lazo geográfico y cultural entre oriente y occidente.

La investigación arqueológica en Israel atribuye mucha importancia al hecho de que el país sea el hogar del legado espiritual de tres grandes religiones monoteístas. Por encima de todo revela claramente la relación histórica entre el pueblo judío, la Biblia y la Tierra de Israel, poniendo al descubierto los remanentes del legado cultural del pueblo judío en su patria. Estos restos visibles, enterrados, constituyen el lazo físico entre el pasado, el presente y el futuro del pueblo judío en su país. Esta continua e intacta cadena de historia puede ser observada en diversos lugares a lo largo del país: en las ciudades bíblicas de Jatzor, Meguido, Guézer, Shomrón, Beer Sheva y Dan; en las ciudades del período del Segundo Templo - Tiberíades, Séforis (Tzipori), Gamala - y las fortalezas de Masada y el Herodión, donde los judíos lucharon por la libertad; en el desierto de Judea cerca del Mar Muerto, donde fueron descubiertos los restos del centro espiritual esenio y se encontraron los Rollos del Mar Muerto, incluyendo los más antiguos ejemplares de libros del Antiguo Testamento. Del mismo período, fueron puestos al descubierto lugares relacionados con la vida de Jesús - Cafarnaum y Tabgha - donde hay también ruinas de iglesias del período bizantino.

Han sido puestos al descubierto los sitios de las grandes ciudades romanas y bizantinas de Cesárea, Beit Sheán y Banias, al igual que las ciudades del Néguev de Avdat, Jalutza y Mamshit, que prosperaron en su época. Del período musulmán, hay ruinas de la ciudad de Ramle y del palacio de Khirbet al-Mafjar (Palacio de Hisham) en Jericó. Restos del período Cruzado incluyen muchas fortalezas y ciudades - Acre, Cesárea, Belvoir y Qalat Nimrod.

Jerusalem, la capital de Israel, ha sido el foco de una amplia actividad arqueológica y han sido revelados remanentes de 5.000 años de historia: en la Ciudad de David, los muros de la ciudad cananea y ruinas de edificios de la capital del Reino Unido de Israel, incluyendo sofisticados sistemas subterráneos para el transporte de agua; del período del Segundo Templo, los restos de edificios públicos a lo largo de los muros de contención del Monte del Templo que existe hasta el día de hoy, las ruinas de las espléndidas residencias de la Ciudad Alta en el actual Barrio Judío de la Ciudad Vieja, las ruinas de lo que quedó en el lugar después que los romanos destruyeran Jerusalem en el año 70 EC y cientos de tumbas abiertas en la roca, algunas ricamente decoradas, que dan testimonio de la prosperidad de la ciudad destruida; muchas iglesias y edificios religiosos del período bizantino, siendo la más famosa de ellas la Iglesia del Santo Sepulcro; del período del dominio musulmán, las mezquitas en el Monte del Templo y un centro gubernamental, restos del cual han sido excavados al sur del Monte del Templo; del período cruzado, muros de la ciudad, iglesias y mercados techados; de los períodos mameluco y otomano minaretes que adornan el horizonte de la Ciudad Vieja. Las murallas de la Ciudad Vieja y la ciudadela junto a la Puerta de Yafo fueron construidas durante el reinado del sultán otomano Suleimán el Magnífico.

En Israel se han reconocido y protegido por ley unos 20.000 sitios antiguos. Cada año, decenas de lugares de todos los períodos históricos del país son excavados. Las licencias para excavar son otorgadas a expediciones - de Israel y del exterior - por la Autoridad de Antig?edades de Israel, que es la encargada de la preservación de las antig?edades del país. La Ley de Antig?edades de Israel exige que todo sitio escogido para la construcción sea examinado para estar seguros que no hay remanentes arqueológicos, y se lleve a cabo una excavación en caso de parecer necesario. El Estado tiene además el derecho de preservar hallazgos de interés públicos; algunos de los más importantes de ellos son expuestos en el Museo Israel en Jerusalem. El museo alberga además el Santuario del Libro, en el que se conservan los Rollos del Mar Muerto, y algunos de ellos están a la vista del público. Gran esfuerzo, a la par de recursos, se invierte en la preservación y restauración de lugares antiguos y decenas de ellos, de todos los períodos de la historia, han sido puestos a la disposición del público.

Danza

En la vida comunitaria y religiosa del pueblo judío desde los tiempos bíblicos, la danza ha sido considerada como una expresión de alegría o de pena, y hoy es parte integral de las celebraciones religiosas, nacionales, comunitarias y familiares. La danza contemporánea en el país se ha desarrollado en dos direcciones: expansión del género de la danza folklórica que acompañó a los primeros pobladores en la reconstrucción de su antigua patria y el establecimiento de una danza artística, llegando a producciones escénicas creadas por coreógrafos profesionales. 

La danza como forma artística fue introducida en el país en los años 1920 por profesores y amantes de la danza recién llegados de los centros culturales de Europa. Después del establecimiento del estado, se fue desarrollando un alto nivel profesional por varios grupos, cada uno basado en una diferente orientación y estilo. Hoy en día siete importantes compañías de danza profesionales, en su mayoría con sede en Tel Aviv, presentan un variado repertorio por todo el país y en el exterior.

El Ballet Israelí surgió de un estudio de danza clásica establecido por sus directores artísticos Berta Yampolsky e Hillel Markman. La única compañía profesional de ballet clásico del país, interpreta obras creadas por Yampolsky así como ballets de Balanchine y otros coreógrafos internacionales.

El Teatro de Danza Inbal, la más antigua compañía profesional de Israel, fue establecido por su directora artística y coreógrafa principal Sara Levi-Tanai, y ahora es conducido por quien fuera su estrella, Margalit Oved. Su repertorio, que por lo general versa sobre temas bíblicos, se basa en gran medida en material de movimiento sugerido por las tradiciones de danza, música y poesía de los yemenitas y otras comunidades judías orientales. A lo largo de los años, Inbal ha actuado numerosas veces en el exterior.

La Compañía de Danza Batsheva, fundada (1964) por la baronesa Batsheva de Rothschild y Martha Graham, ha sido aclamada por la crítica en todo el mundo. La compañía cuenta con un singular repertorio que incluye osadas danzas cuya coreografía es obra de su director artístico, Ohad Naharín, y estimula las colaboraciones artísticas para ampliar los límites de la danza. El Conjunto Batsheva, marco de adiestramiento para los bailarines aprendices del Batsheva, está ganando reputación por sí mismo.

La Compañía de Danza Bat Dor, también fundada por la baronesa Batsheva de Rothschild con Jeanette Ordman como su directora artística, está formada por alrededor de 20 bailarines e interpreta las obras de algunos de los mejores coreógrafos del mundo, incluyendo a Domy Reiter-Soffer, nacida en Israel. Pertenecen a la compañía una escuela de danza en Tel Aviv y otra en Beer Sheva.

La Compañía de Danza Contemporánea Kibutziana, con sede en el kibutz Gaatón en el norte de la Galilea, está formada por bailarines de diferentes kibutzim. Bajo la dirección de su fundadora, Yehudit Arnón, este conjunto ampliamente aclamado interpreta un repertorio que incluye trabajos de coreógrafos locales e internacionales, incluyendo los del miembro de kibutz Rami Beer. 

Kol-Dmamá (Sonido - Silencio), una singular compañía que incluye bailarines sordos y auditivos, fue fundada (1978) por Moshé Efrati usando un sistema para transmitir vibraciones de bailarín a bailarín. Con repertorio original creado por Efrati, la compañía ha adquirido reputación internacional y ha brindado una significativa contribución a la rehabilitación de los sordos.

Vértigo es un grupo de danza moderna muy exitoso que fue fundado en 1992 por dos bailarinas: Noa Wertheim y Adí Shaal. Ha realizado giras por todo el mundo y ya ha obtenido distinciones internacionales por su labor. Gran parte de su repertorio son coreografías originales de Wertheim, así como innovadores proyectos de danza con otros artistas. La Escuela de Danza Vértigo en Jerusalem, fundada en 1997, ofrece clases para profesionales y aficionados en ballet clásico, danza moderna e improvisación.

El escenario de danza moderna del país está reforzado además por una serie de conjuntos más pequeños, en su mayoría dependientes de la capacidad de un artista, como el teatro de danza Rina Schenfeld, la Compañía de Danza Yaron Margolin, el dúo de danza Liat Dror y Nir Ben-Gal, el grupo de teatro de danza Tmu-Na y Tnuatrón.

Desde su apertura en 1989, el Centro de Danza y Teatro Suzanne Dellal en el recientemente renovado barrio de Nevé Tzedek en Tel Aviv se ha convertido en el punto central de las actividades de danza del país. También en Tel Aviv, la Biblioteca Israelí de Danza y el Archivo Israelí de Danza, además de servir como centros de estudio e investigación, publican libros sobre danza y el Anuario de Danza Israelí. Adiestramiento y enseñanza a nuevos bailarines se otorga en la Academia Rubin de Música y Danza en Jerusalem y Tel Aviv, los estudios Bat Dor en Tel Aviv y Beer Sheva, la escuela Talma Yellin en Tel Aviv y varias otras escuelas y talleres de danza en todo el país.

Las contribuciones de Israel en el campo de la educación del movimiento incluyen los métodos de Moshé Feldenkrais, que se enseñan en todo el mundo, y el sistema de anotación del movimiento Eshkol-Wachman, uno de los tres más conocidos sistemas de registro de danza y movimiento por escrito.

El baile folklórico israelí surgió como una amalgama de formas de danzas folklóricas judías y no judías de muchos lugares del mundo. Mientras en otros países las danzas folklóricas son estimuladas para preservar antiguas tradiciones rurales, en Israel es una forma de arte en constante desarrollo que ha evolucionado desde los años 40, basada en fuentes históricas y modernas así como en asociaciones bíblicas y estilos de danza contemporáneos. 

Los primeros pioneros, que reemplazaron la vida urbana de la Europa Oriental por otra rural en un asentamiento colectivo, trajeron consigo sus danzas nativas, que fueron adaptadas a su nuevo medio ambiente. Entre ellas, una danza rumana, la hora, representó la nueva vida que se estaba construyendo en la Tierra de Israel: su forma de círculo cerrado daba un status de igualdad a todos los participantes; los simples movimientos permitían a todos la participación general, y los brazos enlazados simbolizaban la nueva ideología. Hoy en día sigue siendo la danza representativa de Israel, interpretada por personas de todas las edades, y en ocasiones que van desde los bailes callejeros en el Día de la Independencia hasta encuentros sociales de cualquier tipo.

El vuelco en el desarrollo del baile folklórico local ocurrió en el primer festival de danza folklórica realizado en el kibutz Dalia en 1944. Lo siguió un entusiasmo general por el baile, que trajo consigo la creación de un multifacético género de danza folklórica caracterizado por una combinación de estilos y fuentes. Están incorporados en él motivos de la diáspora judía y tradiciones locales, incluyendo el debka árabe, una danza de hombres unidos en hilera que golpean con sus pies, así como elementos de danza que van desde el jazz norteamericano y los ritmos latinoamericanos hasta los ritmos típicos de muchos países mediterráneos.

Los bailes folklóricos del país, que en su mayoría se basan en canciones populares israelíes, comprenden una gran variedad de pasos y formas, yuxtapuestos con exhuberante movimiento, expresando la vitalidad de un joven país con una antigua tradición. La danza folklórica se manifiesta tanto por medio de la participación individual como por presentaciones en escenario. El entusiasmo público por los bailes folklóricos ha llevado al surgimiento de conductores profesionales de bailes y a miles de personas que participan regularmente en actividades danzantes como una forma de recreación. Muchas localidades ofrecen semanalmente danzas folklóricas y algunas de ellas también patrocinan conjuntos.

Junto a la danza folklórica israelí, e influyéndola, están las danzas tradicionales de los diferentes grupos étnicos que reflejan tanto el 'crisol de diásporas' como la pluralista naturaleza de la sociedad israelí. Estos bailes son preservados por varios grupos especializados en danzas del Yemen, Kurdistán, Noráfrica, India, Georgia, Bujara y Etiopía y por conjuntos que interpretan danzas árabes, drusas y circasianas.

Los conjuntos de danzas folklóricas actúan en la mayoría de las celebraciones locales y nacionales y actúan en festivales locales e internacionales. Desde 1988, se realiza anualmente en Carmiel, un festival de danzas folklóricas de tres días.

Cine

El cine en Israel ha tenido un importante desarrollo desde sus comienzos en la década del 50. Mientras las primeras películas producidas y dirigidas por israelíes, como "La Colina 24 no responde" y "Eran diez", tendían, al igual que la literatura, a inscribirse en el heroico patrón de aquel período, algunos filmes recientes están profundamente arraigados en la experiencia israelí, como los sobrevivientes del Holoausto y sus hijos ("El Verano de Avia" de Guila Almagor y su continuación, "A la Sombra del Domen") y los trabajos de nuevos inmigrantes ("Shjur", dirigida por Jana Azoulai y Shmuel Hasfari, "Café con limón", dirigida por Leonid Gorivets). Otras reflejan una tendencia más predominante hacia la realidad actual israelí, ya sea tratando el tema de la confrontación árabe-israelí (el filme de Uri Barabash "Detrás de las Rejas") o colocadas en el contexto de una sociedad universalista, algo alienada y hedonista ("Una Canción de Sirena", "La Vida según Agfa", "Historias de Tel Aviv").

Las exportaciones cinematográficas crecen anualmente, a medida que más películas israelíes tienen éxito en el exterior y más producciones extranjeras y coproducciones se filman en el país. El Centro Israelí de Cine, una división del Ministerio de Industria y Comercio, promueve las filmaciones en Israel tanto de productores locales como extranjeros, y proporciona servicios, desde contactos profesionales hasta incentivos financieros.

La Cinemateca de Jerusalem consiste en un archivo de miles de películas, una biblioteca de consulta, salas de proyección y exhibición. Ofrece proyecciones regulares, por lo general

Fuente: MFA - Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel









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